Toda la vida he disfrutado viendo películas de terror. Cuando era pequeña, todo hay que decirlo, lo pasaba fatal. Jamás cerré los ojos ni dejé de escuchar, jamás para un film… Di unos cuantos gritos, eso sí. Se diría que disfruto sádicamente pasándolo mal, sintiéndome dentro de la historia. Nunca fui partidaria del efecto de distanciamento Brechtiano. Catarsis para todos, por favor.

Mi afición por el género nunca ha dejado de crecer. Entre mis favoritas Don’t look now, Jacob’s Ladder, The Sixth sense, The Others o títulos más recientes, como The Last House on the Left o Insidious. Casi todas tiene en común un doble juego entre realidad y ficción. Este artefacto narrativo se construye rompiendo las barreras diegéticas y cuidando muy bien la información que recibe el espectador.

Pero lo cierto es que películas clasificadas como terror se hacen a churros y la mayoría es una copia de una historia ya contada o peor, un remake de una película japonesa (señores de Hollywood, que os saliera bien la jugada con The Ring no significa nada). Pero dentro de esta nueva ola de películas, hay una que me llama la atención y que, película tras película, me hace pensar que hay algo más (un día ya os conté mi otra teoría).

Si habéis leído Otra vuelta de tuerca y os enganchó tanto como a mí, sabréis que una parte de vosotros deseaba que todo aquello hubiese sido real. Que los fantasmas estaban allí y la institutriz no ha perdido el juicio. También creímos que Joseph vivía al final de la escalera. Los espectadores y lectores de terror tenemos tendencia a creer, a admitir lo fantástico. A ver más allá de lo que aparece en esos planos cerrados tan bien realizados y tan característicos del género. Y nosotros, agarrados a nuestras butacas ¿no seríamos presa fácil para religiosos y charlatanes?… ¿Los que nos venden el perdón y la salvación eterna?

Aaaah… no. Lo cierto es que parece que admitimos mejor aquello que tiene un cierto envoltorio maligno. O sí, el mal es mucho más palpable que el bien. Creemos a un hombre capaz de cometer las peores atrocidades, pero cuando dedica su vida el bien, marchitamos su altruismo de una u otra forma. Negamos a Dios, pero el diablo forma parte de nuestro léxico diario. De ahí que han surgido una serie de títulos que, unidos al misticismo de la Iglesia Católica respecto a determinados temas, tiene en común una serie de factores:

  1. Los protagonistas son hombres y mujeres de ciencia.
  2. El fenómeno paranormal al que se enfrentan es siempre malvado.
  3. La salvación se obtiene aceptando la fe.
  4. …Aunque ese mal nunca es vencido del todo.

The Devil Inside, The Rite, The Omen, The Uninvited, Shelter, The Exorcism of Emily Rose, The Las Exorcism… son sólo algunos de los títulos a los que me refiero. A mí me gustan las corporaciones…, pero yo veo al Tea Party poniendo dinero en Hollywood para que se hagan más y más films de este estilo.


Y había algo más, algo vago e irritante. Dos puntos son inestables. Sin un ancla, nada puede evitar que vayan en direcciones opuestas. Si están unidos por una cuerda, finalmente ésta se cortará y los extremos se separarán. Si es elástica, seguirán alejándose, más y más, hasta que la cuerda llegue al límite de su tensión y las impulse de vuelta al lugar de partida con tal velocidad que no podrán evitar un choque devastador.


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#65

08Jul12

Y en abrir y cerrar de ojos, todo deja de ser lo que era.


Todo mal.

17Jun12

A veces me da la sensación de que lo hago todo mal, o peor, que no hago nada bien.

La situación es la siguiente: si todo me sale bien entre ahora y Septiembre me quedarán dos (2) asignaturas -a saber Dirección y Narrativa Cinematográfica- para acabar la carrera. Eso y unos 15 créditos de libre que no sé de dónde voy sacar. Luego, el abismo. De momento me he buscado un máster bastante majo para sablar a mis padres  obtener una titulación un poco más específica de cara al mundo laboral.

Esto me pone en una situación un tanto engorrosa… y es que el próximo cuatrimestre sólo voy a tener una asignatura. Luego necesito un trabajo para colaborar con el tema del máster que es baratito, baratito. Hasta dónde yo sé, buscar trabajo es en sí un trabajo. Tienes que estar al día, tener varias versiones de tu currículum, contactar con empresas, establecer conexiones y sobre todo, darles bastante el coñazo a esos señores a los que quieres caer bien.

Pues yo las tengo todas:

  1. Soy joven y no tengo experiencia. Esto significa que, de optar a algo, es y será a una “beca” con “carácter formativo”. Soy carne de cañón. No me malinterpretéis, yo no creo que tenga derecho a nada mucho mejor, pero de primeras, mi perfil no ayuda mucho.
  2. Soy mujer…, y sí, ponéos como queráis, pero eso baja mi ránking TODAVÍA más.
  3. Tengo una Licenciatura de lo más tróspida y no tengo ningún talento especial. Esto es verdad verdadera.
  4. ¡Tengo limitaciones geográficas! O por lo menos con vistas a los próximos 18 meses tengo que quedarme en Madrid.
  5. Nadie me quiere. Profesionalmente al menos eso es lo que parece o lo que me dicen y pierdo un poquito la fe con cada e-mail que recibo de vuelta.
  6. Molo más en persona que por escrito, o eso creo yo. Luego si no me entrevistan, mis oportunidades son todavía menores.
  7. Atravesamos una crisis, recesión o lo que queráis que, en España y en lo referente al paro, me afecta personalmente.
  8. ¡Soy impaciente!
Y basta de negatividad por hoy. Porque nos hundimos todos ¿o  no?


Näkemiin

20May12

Hace un mes que no me paso por aquí y no me había dado cuenta hasta ahora…, lo cierto es que mis redes sociales están un poco abandonadas porque por primera vez en mucho tiempo mi “vida real” es más interesante o al menos más llena de cosas. Cosas, cosas, cosas.  Yo venía para escribir algo emotivo, bonito, emocionante, real y profundo sobre estos 9 meses en Helsinki (¡un embarazo!) pero he perdido toda habilidad para expresarme en más de 140 caracteres. Pongo una canción triste y voy despegando pedazos de las paredes. Algo se retuerce un poco con cada entrada de concierto, de cine, de postales, de mapas y billetes de tren, avión y barco que pasa a formar parte del fondo común de recuerdos que nunca llego a organizar. De algo me he dado cuenta, no he aprovechado del todo esta oportunidad pero tampoco he desperdiciado demasiado. Siento una especie de paz tranquila al saber que, aunque me ha costado un año, he exprimido esta ciudad hasta dejarla desnuda. Mi relación con Helsinki no ha sido siempre fácil, pero sé que la echaré de menos.

No me da el cerebro para mucho más así que haré lo que hago mejor, una lista. ¡Otra lista! Una lista de 10 cosas que echaré de menos hasta rabiar.

  1. Las noches de té, chocolate y películas en la 301.
  2. Regatta y los paseos por Töölo, con y sin nieve.
  3. Ir de ricas a tomar café con Martina.
  4. TimeTravels y los viajes afortunados.
  5. El McDonald’s de Kamppi a las 4 de la mañana.
  6. El gym y la sauna con Aurélie.
  7. Kappeli los domingos.
  8. La alarma anti incendios de este edificio.
  9. Los profesores que corrigen los trabajos, responden mails y te tratan con respeto.
  10. A vosotras, por demostrarme que sí puedo formar parte de un grupo de amigas.

#64

20Abr12

20 de Abril del 90.