Un asunto de Fe.

29Ago12

Toda la vida he disfrutado viendo películas de terror. Cuando era pequeña, todo hay que decirlo, lo pasaba fatal. Jamás cerré los ojos ni dejé de escuchar, jamás para un film… Di unos cuantos gritos, eso sí. Se diría que disfruto sádicamente pasándolo mal, sintiéndome dentro de la historia. Nunca fui partidaria del efecto de distanciamento Brechtiano. Catarsis para todos, por favor.

Mi afición por el género nunca ha dejado de crecer. Entre mis favoritas Don’t look now, Jacob’s Ladder, The Sixth sense, The Others o títulos más recientes, como The Last House on the Left o Insidious. Casi todas tiene en común un doble juego entre realidad y ficción. Este artefacto narrativo se construye rompiendo las barreras diegéticas y cuidando muy bien la información que recibe el espectador.

Pero lo cierto es que películas clasificadas como terror se hacen a churros y la mayoría es una copia de una historia ya contada o peor, un remake de una película japonesa (señores de Hollywood, que os saliera bien la jugada con The Ring no significa nada). Pero dentro de esta nueva ola de películas, hay una que me llama la atención y que, película tras película, me hace pensar que hay algo más (un día ya os conté mi otra teoría).

Si habéis leído Otra vuelta de tuerca y os enganchó tanto como a mí, sabréis que una parte de vosotros deseaba que todo aquello hubiese sido real. Que los fantasmas estaban allí y la institutriz no ha perdido el juicio. También creímos que Joseph vivía al final de la escalera. Los espectadores y lectores de terror tenemos tendencia a creer, a admitir lo fantástico. A ver más allá de lo que aparece en esos planos cerrados tan bien realizados y tan característicos del género. Y nosotros, agarrados a nuestras butacas ¿no seríamos presa fácil para religiosos y charlatanes?… ¿Los que nos venden el perdón y la salvación eterna?

Aaaah… no. Lo cierto es que parece que admitimos mejor aquello que tiene un cierto envoltorio maligno. O sí, el mal es mucho más palpable que el bien. Creemos a un hombre capaz de cometer las peores atrocidades, pero cuando dedica su vida el bien, marchitamos su altruismo de una u otra forma. Negamos a Dios, pero el diablo forma parte de nuestro léxico diario. De ahí que han surgido una serie de títulos que, unidos al misticismo de la Iglesia Católica respecto a determinados temas, tiene en común una serie de factores:

  1. Los protagonistas son hombres y mujeres de ciencia.
  2. El fenómeno paranormal al que se enfrentan es siempre malvado.
  3. La salvación se obtiene aceptando la fe.
  4. …Aunque ese mal nunca es vencido del todo.

The Devil Inside, The Rite, The Omen, The Uninvited, Shelter, The Exorcism of Emily Rose, The Las Exorcism… son sólo algunos de los títulos a los que me refiero. A mí me gustan las corporaciones…, pero yo veo al Tea Party poniendo dinero en Hollywood para que se hagan más y más films de este estilo.

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2 Responses to “Un asunto de Fe.”

  1. 1 pep

    Muy bueno el post. Has dado en el clavo.

    Los que ponen dinero (y mucho) son las iglesias. La católica no tanto como la asociación de iglesias protestantes americana. Y claro que el Tea Party también.

  2. 2 alenasr

    Me ha gustado mucho, además me has hecho reflexionar sobre mis propias creencias.

    Por cierto la ópera de Otra vuelta de tuerca es sublime!


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