Ponerse el sujetador

06Mar12

Últimamente todo el mundo habla de tetas. Algunas te dejan sin palabras y otras a cuadros. No conozco a nadie que esté contenta con sus tetas. Demasiado pequeñas, demasiado grandes, demasiado separadas, demasiado desiguales, demasiado feas, demasiado algo. Está claro que a todas nos parecen seres ajenos, un añadido incómodo y desagradable. Me pasé seis años de Instituto queriendo tener tetas. Llevo cuatro años de Universidad queriendo tener más.

Mi madre, mis tías, mi abuela… todas me dicen que me aproveche, que les saque partido, que me ponga más push-up. Que ahora “ya”  puedo llevar escotes, que si no son exagerados, son bonitos. Las otras mujeres de mi vida, quizá todavía inconscientes de ese supuesto poder que tenemos, se muestras más escépticas. Decía mi cara amica Lavinia (entre copas de Ginebra y zumo malo) que ningún tío ve teta mala. No estoy muy de acuerdo, pero sí pienso que somos nosotras nuestras jueces más severas, con nosotras mismas y con las demás. Yo, la primera.

Pero mis tetas (no sé si piensan quedarse o irse, son un poco inestables) marcan la diferencia entre mi estilo de vida y el socialmente aceptable. Recuerdo el “Péinate, que viene gente” fue poco a poco substituido por “Ponte el sujetador, que viene gente”. Me podréis regalar los sujetadores más bonitos del mundo, pero no me engañáis, estas agregadas mías no tienen ningún poder oculto.

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