Inédita
Entonces la chica, morena, fondona y bajita, con cara de pocos amigos y gafas, soltó la retaíla típica de todas las feministas amargadas que se creen intelectualmente superiores por haber leído dos libros y visto tres o cuatro películas. Guardó en su mochila vintage una Moleskine (casi sin estrenar, símbolo de un extraño fetiche por la papelería cara) y miró de reojo un iPhone (con una funda que, más que una funda, era una forma de decir “…pero tengo mucha personalidad”). Suspiró impaciente, esperando una respuesta a una pregunta que no había entendido demasiado bien (hablaba muy rápido y tenía un deje de acento del norte que me resultaba confuso). Sin embargo, había algo curioso en su forma de mirarme, insoportablemente intensa y en su olor a café y perfume barato.
No Responses Yet to “Inédita”