Let’s have a tea.
21ene12
La tetera silbó y dejé el álbum de fotos en la mesita.
-¿Mucho azúcar y mucha leche? -Como siempre.Me subí a la silla de la cocina para alcanzar las tazas de los negras con topos. La suya, la rosa; la mía, la amarilla. Nunca entendí cómo llegamos a aquélla conclusión. Serví los dos tés de canela y los llevé a la salita. La pobre no podía ni moverse, con su enorme barriga enfundada en un vestido verde y rojo de mercadillo. Cogió la taza y sonrió.
-Mira que duran. -¿Cómo vas de nervios? -Prefiero no pensarlo, porque si lo pienso… -Estás tan guapa. -Tan gorda. -Que también. -¿Vas a contarme qué pasó? -¿Cuándo? -En Nochevieja. -No podrías soportarlo, ¡te pondrías de parto! -Sorpréndeme.La verdad, yo nunca pensé que las cosas fueran a ir así. Toda la culpa la tiene aquel Erasmus dichoso, pensé.
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Etiquetas: erasmus
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